Que lance la primera piedra quien esté libre de pecado

Fragmento de Historia del cerco de Lisboa
(traducción libre del catalán)

Volviendo al pasaje evangélico, nos es lícito dudar que el mundo estuviese en aquel tiempo tan empedernido de vicios que para salvarse necesitara el Hijo de un Dios, porque el mismo episodio de la adúltera nos demuestra que las cosas no iban tan mal allá en Palestina, ahora sí que están pésimas, ved si no como en aquel día remoto ni una sola piedra fue lanzada contra la mujer infeliz, sólo fue preciso que Jesús profiriese las fatales palabras e inmediatamente se contuvieron las manos agresoras, declarando de esta manera, confesando y hasta proclamando los dueños que sí señor, él tenía razón, que en pecado estaban. Ahora bien, una gente que fue capaz de proclamarse culpable públicamente, aunque fuera de forma implícita, no debía estar del todo perdida, conservaba intacto en su interior un principio de bondad, y nos permite por tanto concluir, con un mínimo riesgo de error, que hubo cierta precipitación en la venida del Salvador. Hoy día sí que valdría la pena, porque no tan solo los corruptos perseveran en el camino de su corrupcion, sino que cada día se hace más difícil encontrar razones para interrumpir un apedreamiento empezado.