La toma de conciencia, concepto de otra era

Publicado en Librínsula

La idea de la toma de conciencia pertenece a otra era, otra civilización diría. Es heredera del siglo XVIII, del espíritu de la enciclopedia, de la ilustración. Todo eso está terminando ya; estamos entrando en la era del dominio de la tecnología, y no siempre al servicio de la humanidad. Lo que prima es el interés personal, el lucro a toda costa, la indiferencia, la ignorancia, la cerrazón. Lo que está cambiando es una mentalidad que confiaba en la toma de conciencia como motor para mejorar la sociedad. La toma de conciencia hoy no es garantía de nada: muchos optaron por una actitud cínica. Pero ser concientes es el comienzo a partir del cual podemos pensar un hombre realmente humano. Aunque se nos diga que no hay más ideologías, la sombra de la ideología está siempre acechando. Y el cinismo es una ideología poderosa: es la ideología de quienes aplauden a los políticos inescrupulosos como Bush o Aznar, que se apoyan en la mentira y la comodidad, y dicen: "Pero al menos son astutos". Traducido, dicen: "Si yo estuviera en su lugar, haría lo mismo". Olvidan, o peor, consienten, que cuando un político miente destroza la base de la democracia. Es evidente: la maldad, la crueldad, son inventos de la razón humana, de su capacidad para mentir, para destruir.